Ayer regresando a casa me dejé el codo por el suelo con la bicicleta. Pero es una larga historia que dejaré para otro día.

¿Por qué hablo de bicicletas cuando el título del artículo dice Peinados? Bueno, por una razón muy simple.

¿Decidme en qué ciudad puedes ir a las 12 de la noche en bicicleta por la calle sin ningún problema y sin que nadie te moleste, caerte al suelo y que ningún coche te pase por encima?

Cierto, no estoy en España, estoy en Japón. Dentro de poco dejaré el país (he estado suficiente tiempo por el momento) pero eso no quita que haya tenido tiempo más que suficiente para comprender esta cultura que provoca tanta fascinación a algunos de mis "compatriotas".

O lo que es lo mismo: otakus, viciados de los videojuegos,hombres a los que les gustan las mujeres japonesas (no voy a entrar en detalles, y lo de los trajes de colegiala lo dejaré para otro día, en un estudio de psicología humana) y demás especies varias de la sociedad. No estoy diciendo nada sobre Japón (ya me encargaré quizás en otro momento a verter mi opinión sobre algunas de las cosas del país), ni juzgando a la gente que tiene fascinación por culturas extranjeras (lo cual es de lo más loable, siempre que no se confunda fascinación e interés, por simple y básica obsesión por detalles que ni siquiera los propios autores del país conocen; ie: la gente japonesa lee manga, pero no lee TANTO manga, y si le preguntas a la gente por la calle muchos no tienen ni la menor idea de muchas de las series, aunque en otros países existe la imagen del hombre de negocios japonés leyendo mangas en el metro como si fuera de lo más normal; en verdad cuando los ves en vivo y en directo parecen un poco... erm... raros...).

El problema es que mucha gente va a un país extranjero y se queda en el exterior sin mezclarse con la gente de la zona. Entonces todo parece exótico y curioso y la gente graciosa y rara. Cuando conoces a la gente y el porqué de todo lo que sucede, ves que en todos lados cuecen habas.

Aunque a mí no me gusten y prefiera las lentejas.

Así que regresemos al título del artículo. La última vez que estuve en ese país llamado España (de aquí en adelante le llamaré Hispania porque me hace gracia) vi a mujeres maquillándose en el metro, o gente leyendo manga por las calles o... Muchas cosas. Lo que no vi es lo que vi el otro día con una amiga en una universidad.

Yo estaba sentado en la cafetería comiendo un "anman" (es un pan de legumbres bastante dulce que a los extranjeros normalmente no les gusta; por cierto, si queréis algo realmente espantosa, probad natto; nunca pensaréis lo mismo de la comida japonesa de nuevo), cuando mi amiga me señaló a un grupo de japoneses que estaba detrás mío.

Giré el rostro y miré. No sé quizás si es por el largo tiempo que llevo en el país o lo que sea, que miré, giré el rostro y miré a mi amiga. No me parecía que hubiera nada reseñable.

Hasta que de repente mi mente me avisó de que estaba dejando pasar algo por alto.

Volví a mirar hacia atrás. Eran tres tíos, sentados a una mesa, con sus bebidas y sus dulces enfrente. Eran tres tíos, sentados en silencio sin decirse ni mú. Eran tres tíos leyendo una revista.

Una revista...

Una revista...

Una revista... de peinados masculinos.

Eh?

Volví a mirar. No, mis ojos no me habían engañado. Los tíos estaban mirando una revista donde las páginas estaban llenas de tíos mirando a la cámara desde distintas posturas, alturas, etc., etc. Todos los tíos hacían una variedad de miradas de tigre, siempre con un peinado distinto.

Lo mejor de todo es que al lado de cada peinado había comentarios, marcadores de longitud, de tipo de crema o cera que se había usado, y comentarios de los modelos sobre los peinados.

Bueno, hace un par de años en los que he estado viendo mundo (quitando 10 días, pero no cuentan), pero la última vez que comprobé en España los hombres (e incluso las mujeres) no se sentaban en la cafetería de la universidad (o en cualquier otro lado)en grupo para mirar revistas de peinados. Me imagino la situación en España, yo con varios amigos, sentándonos, sacando nuestras revistas y mirando peinados. Luego mirándonos a los ojos y comentando si nos quedaría mejor éste o aquél, y si a él no le va bien ese tipo de peinado porque le tapa la mirada profunda de sus ojos o sus cejas bien depiladas.

Esto... Sí... Claro...

Japón es un país donde todo el mundo está loco por los peinados. Y sí, puedes ver a tíos que parecen salidos de Dragon Ball (para quien no conozca la serie, le recomiendo que busque alguna imagen por Internet; sí, ese peinado del dibujo lo llevan tíos aquí; no, no te has equivocado al escribir el nombre de la serie en el Googe; que sí, leches, que aquí gastan más en cera para el pelo de la que dan). Y no entremos con las tías, porque he visto los peinados más alucinantes del mundo en mi estancia en este país. A veces te preguntas como pueden salir a la calle sin encallarse en la puerta.

Creo que voy a comprar una revista de peinados. Y dejarla en el centro de la mesa en la primera reunión que tenga con mis amigos. Y luego les diré: ¿cuándo vamos a la peluquería? Sólo para ver como reaccionan. Quizás me sorprenden y empiezan a mirar los peinados y luego van todos al espejo a ver si deberían dejarse el pelo estirado hacia arriba, lacio, con... Bueno, ya me entendéis.

Ya explicaré luego como un hombre japonés puede estar media hora en el lavabo (se forman colas... en el lavabo masculino...).

Lo curioso es que he estado el tiempo suficiente aquí para que no me sorprendan yaen lo más mínimo ninguna de esas cosas. Y si no suceden en España cuando regrese, creeré que hay algo fuera de lugar.